El plan era sencillo: una escapada de fin de semana en pareja, buena comida por Aragón y cero estrés. Queríamos salir desde La Muela, pasar por Finca Valonga para una cata y un concierto, dormir cerca de Albalate de Cinca, pasear el sábado por Barbastro y terminar comiendo el domingo en Alquézar antes de volver a casa. Unos cuantos kilómetros de autovía, secundarias tranquilas y carreteras comarcales entre viñedos.
Para esta rutilla nos llevamos el nuevo Nissan Leaf. Los que me conocéis, ya sabéis que en casa acumulamos más de 215.000 km en el Leaf de 40 kWh y todavía recordamos con cariño al sapito de 24 kWh, aquel con el que cada salida comarcal exigía calcular hasta el último vatio. Precisamente por eso, enfrentarse a una escapada rural con un eléctrico moderno te cambia el chip: se trata de viajar como siempre se ha viajado, parando donde te apetece y dejando que la carga acompañe al plan, y no al revés.
Primera etapa: de La Muela a Finca Valonga y Albalate

Salimos el viernes por la tarde con la batería cargada para hacer el primer tramo hasta Finca Valonga, cerca de Belver de Cinca. Son algo más de 200 km combinando la autovía A-2 y tramos de nacional a ritmos normales, siempre a velocidades legales de 120 km/h cuando el tráfico lo permitía y sin buscar consumos récord.
Llegamos a la finca para disfrutar del atardecer, la cata de vinos y la música en directo. Al llegar al destino, el cuadro marcaba una media de 16,6 kWh/100 km tras 204 km recorridos. Un consumo francamente bueno para ir con climatizador y equipaje de fin de semana.


Aquí hay que ser honestos y contar también lo que no funciona tan fino. De camino hacia Alquézar, cruzando carreteras secundarias entre viñedos, el sistema de navegación integrado del coche decidió que conocía un atajo mejor. Insistía en meternos por un camino de tierra. Menos mal que no le hicimos caso.
Terminado el concierto, nos fuimos directos a dormir a Albalate de Cinca. Y aquí viene la primera anécdota: al llegar de noche al alojamiento rural, ni vi el cargador. Estaba en una esquina del patio, tapado por unas ramas y a oscuras, así que nos fuimos a la cama con el coche tal cual, sin enchufar: quedaba batería de sobra para arrancar al día siguiente.

Sábado de mercado en Barbastro y carga durante el desayuno
A la mañana siguiente, con la luz del día y el café en la mano, descubrí el poste que me había comido por la noche. Mientras terminábamos de desayunar y preparábamos las cosas con calma, lo dejé enchufado un rato en corriente alterna para recuperar algo de batería antes de enfilar hacia Barbastro.
El sábado por la mañana Barbastro tiene un ambientazo estupendo. Aparcamos cerca del centro, dimos una vuelta por el mercado de la plaza, compramos unos tomates rosas de la huerta local y disfrutamos de la mañana sin mirar la aplicación del móvil ni una sola vez. Con este coche no tienes esa sensación de urgencia de buscar un cargador rápido en cuanto entras a una población.




Un apunte sobre la vida a bordo: tras varias horas acumuladas de conducción entre el viernes y el sábado, los asientos me han parecido comodísimos. Tienen un mullido y una sujeción lumbar que cuidan la espalda mucho mejor de lo que recordaba en generaciones anteriores, algo que se agradece enormemente cuando encadenas kilómetros de turismo pausado.
Alquézar, Casa Pardina y cargar mientras disfrutas
El plato fuerte del domingo era Alquézar. Llegamos a mediodía, con tiempo de sobra para pasear por sus calles medievales antes de sentarnos a la mesa en Casa Pardina, donde nos esperaba un menú espectacular.






Al llegar al parking exterior del pueblo vi que había plazas libres con un cargador de Endesa X de 22 kW. Conecté el cable Tipo 2, pasé la tarjeta y nos fuimos directos a comer. Sin prisas, con sobremesa larga y café reposado.

Cuando terminamos el café y volvimos al coche para emprender la vuelta, la batería estaba al 96%. Esto es exactamente lo que defiendo siempre: el coche eléctrico no te hace perder tiempo si aprovechas los momentos en los que el coche está parado de todas formas. Comer dos horas y salir con el depósito lleno por unos pocos euros es la definición perfecta de viajar cómodo.
Datos clave del viaje

Para los que os gustan los números desglosados, este fue el balance de todo el fin de semana:
Distancia total recorrida: 487 km
Consumo medio del viaje: 17,1 kWh/100 km
Consumo en la ida (La Muela - Valonga, 204 km): 16,6 kWh/100 km
Velocidad de crucero: velocidades legales de vía (120 km/h en autovía, 90 km/h en secundarias)
Recargas realizadas: un 16% durante el desayuno en Albalate y una recarga casi completa en destino en Alquézar a 22 kW durante la comida.
Conclusión: ¿Sirve para perderse el fin de semana?
La respuesta es un sí rotundo. Si venís de los eléctricos de primera hornada, donde salir de tu radio habitual requería una hoja de cálculo y un plan de contingencia B y C, ver cómo se desenvuelve este coche es un alivio enorme. Con medias reales en torno a los 17 kWh/100 km y autonomías que superan con holgura las necesidades de una jornada de turismo rural, el viaje vuelve a ser lo importante.
No hace falta obsesionarse con la infraestructura rápida en cada esquina si sabes aprovechar los destinos. Un enchufe mientras duermes o un poste comarcal mientras comes cordero y paseas por un pueblo bonito basta para recorrer Aragón de punta a punta sin el menor agobio.
Quiero dar las gracias una vez más, a Javier Muñoz de Nissan Leomotor por prestarme el coche. Sin su apoyo, este artículo no hubiera sido posible.
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