¿Timo o avance real? El impacto de ahorrar 810.000 litros de diésel con la electrificación

Un gran buque petrolero negro y rojo navega en mar abierto bajo un cielo azul claro.
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A principios de agosto leí los datos que hizo públicos el Ayuntamiento de Zaragoza sobre su red municipal de recarga. La cifra se lee rápido: 149 puntos de carga distribuidos en 37 ubicaciones que ya han permitido recorrer 13 millones de kilómetros en coche eléctrico. Eso se traduce en 810.000 litros de diésel ahorrados y 1.874 toneladas de CO2 que no han ido a parar a la atmósfera. Una buena noticia para quienes llevamos años haciendo kilómetros en eléctrico y defendiendo que esto tiene sentido práctico para el día a día.

Pero ya sabéis cómo va esto en cuanto un dato así sale a la luz pública. El 2 de agosto, un concejal del propio Ayuntamiento de Zaragoza, salió a restar valor a la cifra comparando esos 810.000 litros con lo que consume un barco portacontenedores en solo tres días y calificando la "electrificación como un auténtico timo". La típica comparación efectista que busca el titular fácil. Por suerte, entre las respuestas destacó la de Jorge Hueso, un usuario que publicó un hilo de nueve puntos desmontando el argumento con números y datos sobre la mesa. Vamos a repasarlos punto por punto, porque explican muy bien por qué cada litro que nos ahorramos en la calle importa bastante más de lo que algunos quieren ver.

Infografía sobre el impacto de la red municipal de recarga de Zaragoza, con datos de uso, ahorro de combustible y reducción de emisiones.

1. El bolsillo de los ciudadanos: 1,4 millones de euros que se quedan aquí

El primer dato es directo y afecta al bolsillo. Con el diésel rondando los 1,8 euros por litro en las gasolineras españolas, dejar de quemar 810.000 litros significa que particulares y empresas se han ahorrado más de 1,4 millones de euros en combustible.

Ese dinero no ha desaparecido por arte de magia. En lugar de quemarse en un motor de combustión y salir directo por el tubo de escape, se ha quedado en los bolsillos de la gente para gastarlo en el comercio local, en la tienda del barrio o en cenar fuera el fin de semana. Es economía real circulando por la ciudad.

2. Dependencia energética: dinero que no sale de España

Hay un aspecto macroeconómico que casi nunca se tiene en cuenta al hablar del coche eléctrico. España importó el 68,4% de la energía que consumió en 2024, y el petróleo junto al gas representaron el 97% de esas importaciones.

Cada vez que llenamos el depósito, una parte muy grande de nuestro dinero viaja directamente a países productores de petróleo. Sin embargo, los 810.000 litros que Zaragoza ha dejado de consumir son recursos que no hemos tenido que comprar fuera. Es soberanía energética aplicada a la movilidad diaria.

3. Lo que no ves en el surtidor: la cadena del petróleo

Cuando la gente piensa en un litro de diésel, solo ve el precio en el cartel de la gasolinera. Pero ese combustible no aparece allí por arte de magia. Ha hecho falta extraer el crudo, transportarlo en petroleros a lo largo de miles de kilómetros, asegurar la carga, procesarlo en una refinería y distribuirlo en camiones cisterna hasta la estación de servicio.

Toda esa cadena logística consume una enorme cantidad de energía y genera emisiones adicionales que no se contabilizan en el escape de tu coche. Cuando recargas tu eléctrico con energía renovable nacional, la inmensa mayoría de esos costes ocultos y de esa contaminación previa sencillamente desaparecen.

4. Salud pública: el impacto directo en lo que respiramos

Las 1.874 toneladas de CO2 que se han evitado en Zaragoza son importantes para el clima global, pero el impacto local en la salud es todavía más claro. Los vehículos diésel son responsables directos de la emisión de óxidos de nitrógeno y partículas finas en el aire que respiramos a la altura de la acera.

Los números de la Unión Europea para 2022 asustan bastante: 239.000 muertes prematuras atribuidas a partículas finas, 70.000 al ozono y 48.000 al dióxido de nitrógeno. Reducir el tráfico térmico en los centros urbanos no es un adorno ecológico; es una medida de salud pública que reduce los ingresos en urgencias y las afecciones respiratorias.

5. El clima no se arregla solo, pero cada tonelada cuenta

Nadie con dos dedos de frente va a decir que evitar 1.874 toneladas de CO2 vaya a frenar de golpe el cambio climático o una ola de calor. El calentamiento global es la suma de millones de pequeñas decisiones de emisión en todo el planeta.

La solución no va a venir de una única ciudad mágica que lo resuelva todo por sí sola. La solución es que miles de municipios hagan exactamente este mismo esfuerzo a su escala. Restar valor a una mejora local porque el mundo es muy grande es una excusa absurda para no hacer nada.

6. Aragón como potencia en energía limpia

Si hay una región donde este debate cobra todo el sentido del mundo, esa es Aragón. La comunidad cerró el año 2025 produciendo 22.365 GWh frente a una demanda interna de 10.659 GWh. Es decir, produce más del doble de la electricidad que consume, y el 82,5% de su potencia instalada proviene de fuentes renovables, sobre todo eólica y solar.

Cuantos más coches eléctricos circulen por sus calles, más energía limpia producida allí mismo se estará aprovechando de forma directa. No tiene ningún sentido exportar electricidad renovable a precios bajos mientras se sigue importando petróleo del extranjero para mover los desplazamientos cotidianos.

7. Las baterías como respaldo: el potencial del V2G

Aquí Jorge planteaba un ejercicio teórico que me parece fascinante. Si Aragón contara con una flota de 300.000 vehículos eléctricos con una batería media de 60 kWh (una capacidad muy habitual hoy en día), tendríamos 18 GWh de almacenamiento distribuido sobre ruedas sin haber tenido que fabricar ni una sola batería dedicada para la red.

Con la tecnología Vehicle-to-Grid (V2G), estos coches pueden cargarse durante las horas centrales del día cuando sobra energía solar o eólica, y devolver una pequeña parte a la red durante los picos de demanda. El vehículo pasa de ser un bien parado el 90% del tiempo a convertirse en un activo energético vital para el sistema.

8. Estabilidad de la red ante emergencias

Para entender por qué esto importa, no hay que irse muy lejos en el tiempo. El 28 de abril de 2025 sufrimos un apagón en la península que dejó sin luz a millones de personas tras perderse 15.000 megavatios de producción en apenas cinco segundos. Aquello supuso el 60% del suministro del país.

Una red de coches eléctricos conectados con carga inteligente no habría evitado por sí sola una caída masiva de esa magnitud, pero aporta justo lo que el sistema echó en falta ese día: flexibilidad, capacidad de regulación y respuesta rápida. Por eso los gestores de red de todo el mundo están invirtiendo en integrar la movilidad eléctrica en el sistema eléctrico global.

9. La trampa de comparar peras con manzanas

Decir que un gran buque portacontenedores consume en tres días el diésel que Zaragoza ha ahorrado en un año y medio es un dato llamativo para impactar en redes sociales, pero es un argumento vacío. Son dos magnitudes que no tienen ninguna relación entre sí.

Que exista un barco gigante que consuma una barbaridad de combustible no invalida ninguno de los beneficios económicos, sanitarios y energéticos que la electrificación de los coches aporta a los vecinos de una ciudad. Es intentar anular un progreso real mediante una distracción retórica.

Rigor y datos frente a la ocurrencia fácil

Es perfectamente legítimo debatir sobre la movilidad eléctrica. Hay temas importantes que debemos seguir exigiendo y analizando: los precios de acceso a los vehículos, los tiempos de despliegue de la infraestructura pública o el impacto ambiental de las baterías. Quienes llevamos años en esto somos los primeros en señalar lo que falla y lo que hay que mejorar.

Lo que cuesta encajar es que un representante público despache el esfuerzo de una ciudad con un tuit ingenioso pero falto de rigor. Quien tiene la responsabilidad de gestionar o fiscalizar los recursos públicos debería argumentar con cifras completas y no con comparaciones absurdas.

Por eso me ha parecido tan necesario destacar el trabajo de usuarios que aportan datos concretos al debate. Frente al ruido y las frases hechas, lo que necesitamos son números claros y explicaciones con fundamento para saber dónde estamos y hacia dónde vamos.

Puedes ver el tweet original aquí

El hilo de nueve puntos de Jorge Hueso, aquí

Este artículo se ha redactado con la colaboración de Jorge Hueso

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