Seguro que os ha pasado alguna vez si viajáis en eléctrico: paráis en un cargador en mitad de una autovía, sacáis el móvil o el llavero RFID que lleváis a mano para iniciar la sesión rápido y, cuando miráis el extracto, os dais cuenta de que habéis pagado casi el doble por la misma electricidad que el coche de al lado. No porque su batería sea distinta o cargue más rápido, sino simplemente porque habéis usado una aplicación de interoperabilidad en lugar de la app nativa de la empresa dueña del cargador. Es una de esas cosas del mundillo que cuesta un triunfo explicar a quien se acaba de comprar su primer coche de baterías.
En mi caso llevo años acumulando tarjetas en la guantera y aplicaciones en una carpeta del teléfono. Es un engorro tremendo que todos asumimos casi por resignación: si quieres viajar tranquilo sin instalarte quince aplicaciones distintas ni meter tus datos bancarios en cada una, recurres a servicios como el que integran marcas como Electroverse, Electromaps o Atlante. Pero esa comodidad siempre ha venido con un peaje oculto en forma de tarifas infladas de forma absurda. Por suerte, parece que la justicia empieza a meter mano en este desbarajuste, y la primera ficha de dominó acaba de caer en Alemania.
El caso de Múnich: tres precios para la misma electricidad
El problema de fondo lo acaba de destapar con números claros una sentencia del Tribunal Regional de Múnich, dictada el pasado 6 de octubre, que enfrenta al operador de puntos de recarga EWE Go con Digital Charging Solutions (DCS), una de las plataformas mayoristas de roaming que da servicio a las aplicaciones integradas de fabricantes como BMW y Mercedes-Benz. Y los números que se han puesto sobre la mesa ponen al descubierto el abuso.
Resulta que EWE Go cobraba a sus clientes registrados directos una tarifa de 0,52€/kWh. Si un conductor llegaba allí de paso y pagaba con tarjeta bancaria o sin registro previo, el precio subía a 0,79€/kWh. Pero lo gordo viene con los proveedores de interoperabilidad: a DCS le exigían un precio mayorista de 0,837€/kWh por usar esos mismos postes. Es decir, que al intermediario que permite a los usuarios viajar con una sola tarjeta le cobraban 0,317€/kWh más que a su propio cliente directo. Un sobrecoste de casi el 60% simplemente por no ser de su parroquia.
Que una empresa quiera fidelizar a sus usuarios con mejores condiciones es comprensible en cualquier negocio, pero cobrar al por mayor más caro que el precio final de venta al público es una maniobra pensada descaradamente para estrangular a la competencia y forzar al usuario a bajarse su aplicación particular. El tribunal alemán lo ha visto exactamente igual y ha determinado que semejante recargo es contrario a las normas europeas, obligando a EWE Go a permitir el acceso al proveedor con la tarifa base de 0,52€/kWh.
Lo que dice el reglamento europeo AFIR
La base legal sobre la que se apoya esta decisión no es una ley local alemana inventada para la ocasión, sino el reglamento europeo AFIR, una normativa comunitaria que nos afecta directamente a todos los países miembros, incluida España. Su artículo 5 deja muy claro que los operadores de infraestructura de recarga pública no pueden discriminar en sus precios entre los usuarios finales y los proveedores de servicios de movilidad, ni tampoco entre diferentes operadores de roaming.
El texto normativo contempla que pueda haber diferencias tarifarias, sí, pero exige que sean proporcionadas y estén debidamente justificadas de forma objetiva. Durante el proceso, el operador alegó que atender a estos clientes indirectos conllevaba mayores costes administrativos, riesgos comerciales y gastos de soporte al cliente, además de perder las ventajas de la fidelización directa. Los jueces han tumbado todos esos argumentos uno por uno: ninguna de esas razones justifica clavarle un 60% extra a quien se enchufa a través de una plataforma compartida.
Aunque la sentencia todavía no es firme y cabe recurso, el precedente que sienta es gigantesco. La interpretación judicial de un reglamento comunitario como AFIR marca el camino a seguir para el resto de países, porque el principio de no discriminación es idéntico en una estación de servicio alemana que en un cargador a las afueras de Zaragoza o en la A-3.
Qué cambia esto para quien viaja por carretera
Conviene aclarar un detalle importante para no hacernos falsas ilusiones a corto plazo: esto no significa que a partir de mañana todas las aplicaciones vayan a cobrar exactamente la misma cifra al céntimo. La sentencia limita lo que el dueño del cargador (el CPO) le cobra a la aplicación de roaming (el MSP). Después, cada plataforma de movilidad puede aplicar sus propios márgenes o costes de gestión por ofrecerte el servicio unificado, siempre que sean transparentes y razonables.
La diferencia crucial está en el precedente jurídico. Si a la empresa que gestiona tu tarjeta de viaje le cobran la electricidad a 0,52€/kWh en lugar de a 0,837€/kWh, el margen para que los usuarios finales tengamos tarifas justas sin vernos penalizados por usar una sola app cambia por completo. Se acaba la excusa de trasladar al conductor un recargo artificial cuyo único objetivo era levantar muros alrededor de cada red.
Para quien usa el coche eléctrico a diario y hace viajes largos en vacaciones o escapadas de fin de semana, el roaming no es un capricho de lujo: es la base para que viajar sea tan sencillo como llegar a una gasolinera tradicional. Nadie debería tener que perder diez minutos bajo la lluvia instalándose la enésima aplicación en el móvil solo para evitar que le cobren un sobrecoste abusivo por meter 40 kWh en la batería.
Un paso necesario para que el ecosistema madure
Llevamos muchos años escuchando que la movilidad eléctrica necesita simplificarse para convencer a la gran mayoría de conductores. La realidad es que la red de carga rápida ha crecido de forma notable, pero la experiencia de pago se ha quedado atascada en un laberinto de registros, códigos QR y tarifas opacas que espantan a cualquiera que no sea un entusiasta del mundillo.
En España tenemos el caso de Zunder, que desconozco a qué acuerdos ha llegado con los operadores, que te cobra únicamente 1€ de sobrecoste de interoperabilidad. A mí, me parece el camino a seguir. 1€ de más en cada carga, por los costes administrativos, me parece de los más razonable
Si esta sentencia acaba consolidándose y los tribunales obligan a respetar el reglamento europeo sin trampas comerciales, habremos dado un salto adelante tremendo. La competencia entre aplicaciones debería basarse en ofrecer una mejor interfaz, un soporte telefónico excelente o una integración impecable con el navegador del coche, no en penalizar económicamente al usuario cautivo que se enchufa fuera de casa.
¿Habéis notado vosotros también diferencias disparatadas de precio al activar un cargador con distintas tarjetas en vuestras rutas habituales? Si tenéis datos claros de lo que os han cobrado por el mismo poste según la aplicación, compartidlos: cuantas más cifras reales pongamos sobre la mesa, más evidente se hace la necesidad de que estas prácticas se terminen de una vez.
Imagen de cabecera generada por IA
Comentarios