Este artículo es una reedición de un texto que publiqué en Medium en marzo de 2019, dentro de un proyecto llamado EV Life que no acabó de arrancar por falta de tiempo. Al retomar ahora evminds, me ha parecido buena idea empezar los artículos propios rescatando aquella “mi primera vez”.
Todos recordamos nuestro primer amor y la primera vez de muchas cosas en la vida. Para mí, en el ámbito de la movilidad eléctrica, ese momento fue mi primer viaje largo con un eléctrico, y me ha parecido bonito compartirlo con la comunidad. Este artículo será el arranque de una serie donde compartiré experiencias, aprendizajes y, quizás, alguna review de algún vehículo que me puedan prestar.
Sirve también como una mirada atrás que pone en perspectiva lo mucho que ha evolucionado la tecnología de los vehículos eléctricos y la red de carga en estos años. Leer hoy sobre autonomías de 250 km, paradas de carga a 6,6 kW y cargadores “rápidos” de 50KW sin activar nos recuerda el camino recorrido, y lo lejos que hemos llegado.
Vamos a ello, viajemos en el tiempo.
Todo empezó con una pregunta inocente en el grupo de WhatsApp de la AUVE (Asociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos). Le pregunté a Javier Muñoz, de Nissan ARVESA en Zaragoza, si tenían algún Leaf disponible para una prueba. Su respuesta me dejó sin palabras: “Si quieres, llévatelo tres o cuatro días y lo pruebas a fondo”. Abusando de su generosidad, le propuse llevármelo una semana entera para cubrir mi viaje habitual a Boecillo, Valladolid, donde tenía la sede de mi empresa. Javier accedió encantado, y así arrancó mi bautismo eléctrico con un Nissan Leaf N-Connecta.
Primer día, un sábado de compras

Sábado por la mañana. Javier me lo tiene preparado y cargado al 100%. Tras una breve clase de funcionamiento, me subo y noto lo primero que nota todo el mundo: el silencio. Para ir probando sensaciones y el Propilot, me doy un rodeo por la carretera de Valencia hasta Muel antes de conectar con la A2 hacia La Muela. 55 km, todo subida, y llego a casa con un 78% de batería. Primera lección aprendida: las cuestas se comen la autonomía, pero no tanto como temía.
Recojo a mi mujer y a mi hija y nos vamos al Centro Comercial Puerto Venecia, en Zaragoza, a pasar un típico sábado de compras. Mientras nosotros recorremos tiendas, el Leaf se alimenta tranquilamente en el Destination Charger de Tesla. Al volver, nos recibe con un flamante 100%. Unos 60 km de recarga a coste cero.
El regreso a La Muela, 24 km de subida desde los 228 m hasta los 625 m, apenas consume un 15% a 110 km/h. Por la noche, lo enchufo al Schuko de casa para tenerlo listo al día siguiente.
Viaje a Boecillo, Valladolid
La Muela - Monreal de Ariza (106km)

El plan era salir a mediodía, pero ya sabéis cómo son los domingos en familia. Al final arranco a las 14:10 con un objetivo claro: llegar a Monreal de Ariza y comer en el Restaurante Ciudad Alcóbriga mientras el Leaf carga en su punto de carga tipo 2 de 22 kW (aunque el Leaf solo aprovecha 6,6 kW). Todo el camino entre 90–100 km/h para conservar batería. El Propilot hace buena parte del trabajo, y los 106 km se pasan volando.

De camino, una parada en la gasolinera AVIA de Cetina para comprobar un cargador rápido trío (CCS, CHAdeMO y Tipo 2) que lleva meses instalado pero sin activar. La responsable de la gasolinera me confirma lo que temía: Iberdrola no hace más que darles largas, mientras ellos ven cómo cada vez más conductores preguntan por el servicio. Frustrante.
Llego a Monreal de Ariza a las 15:30h con un 56% y una media de consumo de 15,8 kW/100km. Mientras cargo, me siento a comer: menú del día a 12 €, buena relación calidad/precio para un domingo. Tras el café, una pareja de la Guardia Civil se acerca con curiosidad a preguntarme por el coche. Es algo que se repetirá durante todo el viaje: el Leaf genera conversación allá donde para. Salgo a las 16:10 con un 77% de carga.
Monreal de Ariza - Aranda de Duero (160km)

Este es el tramo que más respeto me da. A 80 km/h en las subidas y 90 km/h en las bajadas, con travesías a 40–50 km/h, el consumo baja a 15,2 kW/100km, pero los kilómetros pesan. A las 18:50h llego al Área Tudanca de Fuentespina, junto a Aranda de Duero, con un exiguo 10%. Primer momento de tensión real del viaje.
Conecto en la electrolinera de Easycharger, aunque no sin un pequeño lío de novato: activo un cargador en la app e intento enchufar en otro distinto. Una llamada rápida a soporte y solucionado.
Café, redes sociales, y una charla improvisada con otro propietario de Leaf que viene de Burgos camino de Madrid. Es lo que tiene cargar: conoces gente. Cuando vuelvo al coche, marca un 92%. Salgo a las 20:05h. Coste de la recarga: 9,48 € IVA incluido.
(Consejo: en vuestras previsiones, contad con un margen para charlar con otros usuarios y curiosos. Y sobre todo, no desconectéis el coche hasta que salgáis definitivamente.)
Aranda de Duero - Boecillo (Valladolid) (93Km)
Último tramo del día. A una media de 85 km/h, llego a Boecillo a las 21:30h con un 50% de carga y un consumo de 15,4 kW/100km. Nueve horas después de salir de casa, estoy en mi destino. Cansado del viaje, pero no del coche.
Mi día a día en el trabajo

Comienza la semana laboral. Desde el hotel en Boecillo hasta la sede de mi empresa, en el Parque Tecnológico, el Leaf se convierte en mi coche de diario. El lunes aprovecho una visita a Valladolid para cargar gratis en un cargador rápido de 50 kW en Centrolid, frente a Mercaolid. Hasta el 95% sin gastar un céntimo.
Lo mejor de la semana no son los kilovatios, sino las caras de mis compañeros. Varios se animan a probarlo y todos, sin excepción, quedan sorprendidos por las prestaciones. Más de uno empieza a contemplar el eléctrico como opción real para su próximo coche. Me alegra haber contribuido, aunque sea un poquito, a la divulgación.
El jueves, cena con los compañeros en Valladolid. Mientras nosotros disfrutamos de unas cañas, el Leaf se alimenta en un punto de carga público en pleno centro. Al recogerlo: 98%. Listo para el viaje del día siguiente.
Viaje a Salamanca
El viernes, al salir del trabajo, recojo a mi mujer, mi hija menor y mi suegra en la Estación de Autobuses de Valladolid. Destino: Salamanca, donde mi hija mayor nos espera con los brazos abiertos y ganas de fin de semana en familia.
Llegamos con carga de sobra. Tras unas compras en un Lidl (sin punto de carga, por supuesto) y dejar equipajes en el apartamento, llevo el Leaf a dormir al parking del Hotel Vincci de Salamanca: 9 € la noche con carga incluida.

Pero la tranquilidad dura poco. El Destination Charger de Tesla tiene dos puntos, ambos con placa roja “Exclusivo Tesla”. Pruebo el de la izquierda: nada. Momento de pánico contenido. Gracias a los compañeros de la AUVE, que son una mina de conocimiento colectivo, pruebo el de la derecha y… funciona. Respiro.
Excursión a Ávila

Sábado, 100% de carga y plan familiar: excursión a Ávila. A 110–120 km/h y con la fuerte subida, el consumo se dispara y llego con un 48%, algo menos de lo previsto. No me preocupa, porque planeo cargar allí. Pero al llegar al punto de carga público, la manguera de 7 kW está ocupada… por otro Leaf. En 2019, encontrarte con otro eléctrico en un cargador ya es toda una anécdota.
Lo dejo en el Schuko de carga lenta (el coche me anuncia alegremente que estará lleno a medianoche) y nos vamos a conocer Ávila. Murallas, callejuelas medievales y un buen cochinillo. Al volver, el punto de 7 kW está libre y en unas horas el Leaf sube hasta aproximadamente un 78%, suficiente para regresar a Salamanca a 110–120 km/h sin agobios.
De vuelta, el Leaf pasa otra noche en el Hotel Vincci cargando para la etapa más exigente: el viaje de vuelta a casa.
Viaje de vuelta a casa
Domingo. Batería al 100% y tres paradas de recarga planificadas. Pensaba salir a mediodía, pero los imprevistos familiares son ley universal: arrancamos a las 13:15h.
Primer tramo, Salamanca - Tordesillas (98 km). Podría llegar a Aranda del tirón, pero prefiero no jugármela. A 120 km/h, paro en el punto de carga de Easycharger en Tordesillas. Café y vuelta a la carretera con un 98%.

Segundo tramo, Tordesillas - Aranda de Duero (114 km). Otra estación de Easycharger. Merece la pena destacar el gran trabajo que está haciendo Daniel Pérez y su empresa, extendiendo una red de carga con cuatro puntos rápidos de 50 kW en cada estación. Llego con un 48%, comemos en la cafetería del área de servicio, y salimos con un 98%. Lo vamos a necesitar.
Tercer tramo, Aranda de Duero - Monreal de Ariza (155 km). El más largo y escarpado, aunque también el más lento. Llegamos al Restaurante Ciudad Alcóbriga con un 38%. Necesito al menos un 60% para alcanzar La Muela con garantías. Pero la carga a 6,6 kW va más lenta de lo previsto y, tras hora y media de espera, decido arriesgar: salgo con un 58%.
Y aquí empieza la aventura de verdad. Los desniveles camino de Zaragoza disparan el consumo. Aunque en las bajadas recuperas algo, al llegar a Calatayud la autonomía que marca el coche es inferior a los kilómetros que quedan. Mi mujer empieza a ponerse nerviosa. Cómo echo en falta el dichoso cargador rápido de Cetina, que sigue sin activar.
Tengo un as en la manga: si al pasar La Almunia de Doña Godina veo que no llegamos, puedo parar en el Hotel 280, que tiene cargador semi-rápido. Pero eso supondría 30–40 minutos más, y prefiero evitarlo.

Decido tirar para adelante. El peor momento llega en el repecho final hacia La Muela: bajo del 10% y aparece el temido mensaje de que debo parar a cargar. Mi mujer, comprensiblemente, está al borde del infarto. Pero a 90 km/h, pegado detrás de un camión, consigo alcanzar la salida de La Muela y llegar a casa con un 7% de batería.
¡Misión cumplida! Tres paradas, algún que otro momento de tensión, y 10 horas de viaje donde normalmente habrían sido 6. Pero la conclusión es clara: incluso con un coche de 250 km de autonomía teórica, se puede viajar. Cómodo, descansado, y con la certeza de que una buena red de carga cada 50–100 km en las carreteras principales es todo lo que hace falta.
Y luego está la cuenta. En total, 1.476 km recorridos por apenas 24 € en electricidad (42 € si sumamos las dos noches de parking). Con mi Grand Picasso diésel de diez años, habría quemado 120–130 € en gasóleo. Las matemáticas hablan solas.
Mi agradecimiento a Javier Muñoz de Nissan ARVESA, Zaragoza, por el detallazo de prestarme el vehículo que hizo posible esta aventura.
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