Seguro que habéis leído o escuchado decenas de veces en los últimos meses el mismo mensaje repetido casi palabra por palabra: «el coche eléctrico se ha frenado», «la gente vuelve a la gasolina», «la electrificación era una moda pasajera». Cuando uno abre según qué tertulias o lee ciertos titulares, da la impresión de que los concesionarios están volviendo a llenar sus campas de motores térmicos puros como si estuviéramos en 2005.
Pero el ruido mediático es una cosa y los datos del registro de matrículas en todo el planeta son otra. Los números globales del primer semestre acaban de certificar un hito histórico que ha pasado bastante desapercibido entre tanto debate encendido: por primera vez desde los años 20, los coches de gasolina pura representan menos del 50% de las ventas mundiales de vehículos nuevos. Cien años de hegemonía absoluta que acaban de terminar en silencio.
Un siglo después, el monopolio de la gasolina se rompe
Para poner este dato en contexto, hace falta mirar un poco hacia atrás. La última vez que los vehículos impulsados únicamente por gasolina tuvieron una cuota de mercado minoritaria a nivel global fue hace prácticamente un siglo, antes de que el uso generalizado del plomo en el combustible catapultara el rendimiento y la eficiencia de los motores de combustión frente a cualquier otra alternativa de la época.
Desde entonces, la gasolina dominó sin contestación. En 2021, sin ir más lejos, los modelos térmicos puros todavía acaparaban el 73% del mercado mundial. Cuatro años después, según los datos recopilados por Mobility Global que recogía Nikkei Asia, su cuota ha caído en picado hasta situarse en el 49% durante la primera mitad del año. Se vendieron 20,25 millones de unidades de gasolina pura en todo el mundo, lo que supone una caída del 10% respecto al mismo periodo del año anterior.
Ese descenso no significa que la gente haya dejado de comprar coches, sino que la inmensa mayoría de quienes cambian de vehículo están eligiendo alternativas electrificadas. Los números globales son claros: las ventas mundiales de eléctricos puros subieron un 12%, alcanzando 6,87 millones de unidades, mientras que los híbridos crecieron un 10% hasta los 7,27 millones de unidades.
El espejismo local y la realidad del mapa mundial
A veces caemos en la trampa de medir la evolución de una tecnología mirando solo lo que ocurre en nuestra calle, en nuestro barrio o en un país concreto. Es verdad que en Estados Unidos las ventas de eléctricos puros cayeron un 15%, y que en China el mercado se ajustó un 3% (quedándose aun así en 3,44 millones de eléctricos vendidos en seis meses) tras la retirada de ciertas ayudas públicas directas.
Sin embargo, el resto del planeta se está moviendo a una velocidad muy diferente. En Europa, pese al ruido sobre revisiones de normativas y debates políticos, las ventas de eléctricos puros crecieron un 32% en el primer semestre, con 1,81 millones de unidades. La llegada de opciones más accesibles en el segmento utilitario está empujando con fuerza.
En el Sudeste Asiático el salto fue de un 81%, alcanzando 350.000 unidades, y en Oceanía el volumen directamente se duplicó con un crecimiento superior al 100% hasta las 110.000 unidades. La foto global muestra una tendencia imparable: el centro de gravedad del automóvil mundial ya no está en el motor térmico tradicional.
El bolsillo manda más que las leyes
No somos ingenuos: la mayoría de los conductores no cambian de tecnología por convicciones ecológicas abstractas ni por cumplir con un calendario regulatorio de Bruselas. La gente cambia cuando los números cotidianos empiezan a apretar.
El encarecimiento constante del combustible derivado de las tensiones geopolíticas y los costes recurrentes de mantenimiento de los motores térmicos complejos están inclinando la balanza. Cuando alguien hace la cuenta de lo que cuesta llenar un depósito cada semana frente al coste de recargar la batería en casa o de afrontar las revisiones mecánicas de un sistema con miles de piezas móviles, la decisión empieza a tomarse con la calculadora.
Lo explicaba con bastante claridad Yoshiaki Kawano, analista de Mobility Global: tras el bache puntual de ajustes de ayudas en 2024, el consumidor ha vuelto a valorar el menor coste operativo del eléctrico. Y hay un detalle que Kawano señalaba y que encaja milimétricamente con lo que vemos en el día a día: casi nadie que da el paso al eléctrico vuelve atrás hacia la gasolina o el híbrido. El camino es de ida.
Por qué la cifra del 17% engaña a primera vista
Es verdad que, si miramos la foto fija, el coche eléctrico puro representa hoy un 17% de las ventas globales, frente al 49% que todavía retiene la gasolina. Puede parecer una distancia enorme, pero en dinámicas industriales este tipo de curvas de adopción tecnológica nunca avanzan en línea recta.
Las estimaciones de los analistas apuntan a que para 2030 los eléctricos puros superarán el 30% de la producción total, adelantando tanto a los híbridos como a cualquier combinación de mecánicas diésel y gasolina. No estamos ante una hipótesis de laboratorio, sino ante el despliegue natural a medida que la oferta baja de precio y cubre segmentos populares que hasta hace dos años estaban completamente vacíos.
La gasolina ha dejado de tener el control absoluto del mercado porque ha dejado de ser la opción por defecto. Hace diez años, comprar algo que no fuera un motor térmico puro era una rareza exótica para pioneros. Hoy, más de la mitad de las personas que estrenan coche en el planeta deciden que su próximo vehículo lleve algún tipo de electrificación.
El punto de no retorno
Podrán alargarse plazos administrativos, cambiar el color político de los gobiernos o modularse las subvenciones según el presupuesto de cada región. Todo eso condiciona el ritmo de los trimestres, pero no altera el destino.
Cuando una tecnología más eficiente en coste por kilómetro, más limpia en el uso diario y mecánicamente más sencilla alcanza paridad de precio en los segmentos de gran volumen, el mercado no da marcha atrás. La industria ya ha destinado cientos de miles de millones a transformar sus plantas de baterías y plataformas, y ningún fabricante va a gastar presupuestos de desarrollo en diseñar desde cero una nueva familia de motores térmicos puros.
La gasolina ha perdido la mayoría absoluta por primera vez en cien años, no por una prohibición repentina, sino porque el mundo ha empezado a elegir otra cosa. La pregunta ya no es si el coche eléctrico va a ser la norma, sino cuánto va a tardar cada mercado local en darse cuenta de que el cambio ya ha sucedido fuera de sus fronteras.
Fuente original: *InsideEVs*
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