e-credits, las petroleras pagarán la recarga eléctrica: ¿nos subirán la gasolina?

Un coche eléctrico azul oscuro cargando en una estación de servicio Galp bajo un toldo naranja, con un cartel de 'Punto de recarga EasyCharger' en primer plano.
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El nuevo tablero de los e-credits

Llevo ya unos cuantos años moviéndome exclusivamente en eléctrico, como bien sabéis, y si algo he aprendido en este tiempo es que los movimientos de las grandes energéticas nunca ocurren por casualidad. En los últimos días se está hablando mucho sobre la obligación que tendrán las petroleras de financiar la infraestructura de recarga pública a través de los llamados e-credits o créditos de electricidad renovable.

El mecanismo, resumido de forma sencilla para que todos nos entendamos, busca penalizar a quien comercializa combustibles fósiles y premiar a quien despliega energía limpia para el transporte. Si una petrolera quiere seguir vendiendo litros de diésel o gasolina sin asumir multas importantes, tendrá que comprar estos créditos a los operadores que despliegan puntos de carga rápida. Sobre el papel, la idea suena genial, pero en cuanto salta la noticia a los medios generales, aparece la duda recurrente de siempre: ¿significa esto que nos van a subir el precio del litro de gasolina para compensar esa factura?

Hagamos números sin apasionarnos

Aquí sabéis que nos gusta poner los números sobre la mesa antes de precipitarnos. Si analizamos el volumen total de negocio que mueven las petroleras en nuestro país, la cifra que van a tener que destinar a la compra de e-credits representa un porcentaje realmente mínimo en sus cuentas de resultados globales. Hablamos de una fracción muy reducida en comparación con los márgenes de refinado, las fluctuaciones del barril de Brent o los propios impuestos que ya soporta el carburante.

Si la repercusión fuera estrictamente matemática y transparente, el impacto en el precio del litro tendría que ser prácticamente inapreciable para el bolsillo del conductor que acude a repostar su vehículo térmico. Sería cuestión de una pequeña fracción de céntimo por litro, algo que queda diluido por completo en las variaciones habituales que vemos de una semana a otra en los marcadores de las gasolineras.

La tentación de la excusa perfecta

Ahora bien, aquí hay que ser honestos y contar la historia completa. Una cosa es la teoría económica y otra muy distinta la realidad del mercado. No descartaría en absoluto que, utilizando esta nueva regulación como parapeto o excusa oficial de cara a la opinión pública, se aplique un subidón algo más visible en el surtidor, superando con creces esos pocos céntimos técnicos.

Ya hemos vivido situaciones similares en el pasado. Los más veteranos recordaréis perfectamente lo que ocurrió en su día con la implantación del famoso céntimo autonómico sobre los carburantes. Durante semanas fue el tema estelar en las conversaciones de bar, los titulares hablaban de un impacto demoledor y parecía que el mercado se iba a resentir de forma drástica. Con el paso de los meses, las aguas volvieron a su cauce, la gente asumió el nuevo marco y el mercado absorbió la medida sin las catástrofes que algunos vaticinaban.

Con los e-credits va a terminar pasando algo muy parecido. Habrá una fase inicial de ruido mediático, declaraciones cruzadas y pequeños ajustes al alza, pero en el medio plazo el sistema se estabilizará y pasará a ser un coste estructural más de la distribución de energía.

Pero de lo que no me cabe ninguna duda es que en el corto plazo aprovecharán para subirnos el precio del repostaje de una manera totalmente desproporcionada.

Una ecotasa de facto

Y bien mirado, si lo analizamos con cierta perspectiva, me parece una medida francamente positiva. Que la red de recarga de alta potencia, esa que tanto necesitamos para viajar con tranquilidad en nuestros eléctricos sin tener que hacer malabares, se financie en parte con las ventas de las fuentes de energía tradicionales más contaminantes tiene toda la lógica del mundo. Funciona en la práctica como una auténtica ecotasa aplicada a quien contamina, redirigiendo esos recursos hacia la transición energética.

Cuando viajo en eléctrico y me detengo en una estación de carga, lo que quiero es encontrar cargadores operativos, bien mantenidos y con potencia suficiente. Si este flujo de capital sirve para que la red crezca más rápido y se consolide en zonas rurales o tramos de autovía donde antes no era rentable instalar un punto, bienvenido sea el mecanismo.

¿Y a vosotros qué os parece?

Al final, la lectura principal es que la electrificación del transporte deja de ser un nicho aislado para convertirse en el eje central de las inversiones energéticas. Las petroleras no están entrando en este juego por simpatía, sino por regulación y por pura supervivencia de negocio a largo plazo.

¿Creéis que las petroleras aprovecharán la ocasión para subir los precios más de la cuenta en las gasolineras o pensáis que la competencia frenará ese golpe? Como siempre, os leo en la comunidad para que compartáis vuestra visión.

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