Coches eléctricos: desmontando el mito de los incendios con datos

Dos bomberos con equipo de protección intentan cubrir un coche en llamas con una lona gris, mientras un denso humo negro se eleva en el fondo.
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La semana pasada estuve debatiendo en Motor.es sobre un tema que sale en cada comida familiar en cuanto dices que tienes un eléctrico en el garaje: las dichosas baterías que supuestamente arden solas. Si tenéis un coche eléctrico o estáis pensando en dar el paso, seguro que os ha pasado. Sale un vídeo de tres segundos en redes sociales con un coche envuelto en llamas y de repente los comentarios se llenan del clásico «no me compro uno ni loco, son bombas con ruedas». Es normal que asuste, el fuego impresiona y el miedo vende muy bien en televisión. Pero los que llevamos años conduciendo estos coches y haciendo kilómetros preferimos mirar las cosas con un poco de perspectiva y, sobre todo, con los datos fríos en la mano.

Como sabéis, llevo ya bastantes kilómetros a mis espaldas con eléctricos, cargando en verano a 40° a pleno sol en mitad de la nada y en mi propio cargador y jamás hemos tenido el más mínimo susto. Aun así, entiendo perfectamente que a alguien que viene de un diésel de toda la vida le entren dudas cuando ve según qué noticias. Por eso conviene bajar a la tierra y ver qué pasa de verdad cuando dejamos a un lado el titular amarillista y analizamos las estadísticas agregadas de varios países.

Por qué un coche ardiendo abre telediarios y cien de gasolina no

El problema principal con este tema es la percepción. En marzo de 2025, por ejemplo, saltó a los medios que más de una docena de Tesla habían aparecido calcinados en un parking de Roma. La foto era espectacular y corrió como la pólvora. Si no lees la letra pequeña, te quedas con la idea de que los coches se prendieron solos por algún fallo misterioso de la batería. Luego la investigación policial confirmó lo que suele pasar en muchos de estos casos tan sonados: fue un incendio provocado, un ataque vandálico directo. Lo mismo ha ocurrido en España con incidentes puntuales en Calpe o Madrid, según recogía Euroweekly News. Al final, estos sucesos generan un ruido mediático tremendo que machaca la confianza de la gente, aunque no tengan nada que ver con la seguridad propia del vehículo.

Es la paradoja de siempre. Si un coche de gasolina arde en el arcén de la A-2 un martes por la tarde, no sale ni en la radio local porque estamos hartos de verlo. Si arde un eléctrico, hay tres helicópteros grabando y el vídeo se convierte en tendencia mundial en X antes de que los bomberos hayan echado la primera manguerada.

Los números reales: de 20 a 80 veces menos riesgo

Infografía con datos acerca de los incendios en vehiculos de combustión frente a eléctricos

Cuando vas a buscar los informes independientes de los organismos que recogen estos datos sin vender nada a nadie, la película cambia por completo. Medios como InsideEVs o The Guardian han analizado registros de emergencias de medio mundo y la conclusión es aplastante: los coches eléctricos se incendian muchísimo menos que los de combustión.

Si miramos los datos del sector técnico, como los de FireRover (que son fabricantes de sistemas de detección de incendios y trabajan con incidencias reales), los números rondan los 25 incendios por cada 100.000 vehículos eléctricos vendidos. ¿Sabéis cuál es la cifra en los coches de gasolina? Más de 1.500 por cada 100.000. Análisis como los de BlazeStack arrojan rangos totalmente parecidos.

Aquí hay que ser honesto: las metodologías cambian entre países, unos cuentan solo coches nuevos, otros meten en el mismo saco vehículos con 20 años de antigüedad y no todos recogen los datos con la misma precisión. No os voy a vender un número exacto como si fuera dogma de fe porque no sería riguroso. Pero lo que no cambia, leas la fuente que leas, es la proporción de fondo: un coche de gasolina tiene entre 20 y 80 veces más probabilidades de salir ardiendo que un eléctrico. Ese es el dato que realmente importa para dormir tranquilos por las noches.

En Suecia, por ejemplo, la agencia pública de emergencias (la MSB) muestra en sus análisis que los coches de combustión tienen hasta 20 veces más probabilidades de sufrir un fuego que los eléctricos, y la tendencia en estos últimos va a la baja a medida que las baterías avanzan. Este dato nos llega a través de análisis de terceros sobre las cifras suecas, así que lo tomamos como una referencia potente más, sin convertirlo en la verdad única, pero todo apunta exactamente en la misma dirección.

Un reto diferente cuando las cosas salen mal

Y aquí vamos a ser honestos: que ardan mucho menos no significa que cuando ocurre sea una tontería. Las cosas como son. Apagar un coche eléctrico es bastante más complejo para los bomberos que apagar uno de gasolina. Es lo que técnicamente se conoce como thermal runaway o fuga térmica: si una celda de la batería se daña gravemente y entra en combustión, se genera una reacción en cadena que produce su propio oxígeno y puede mantener el fuego encendido durante horas, con riesgo de que vuelva a prenderse tiempo después de parecer extinto.

Euronews analizaba esto hace poco y daba en el clavo: el riesgo de que ocurra es bajísimo, pero el protocolo de actuación es otro mundo. Por suerte, los parques de bomberos de toda España y Europa llevan tiempo preparándose. Hoy en día es súper habitual que lleven en sus camiones mantas ignífugas especiales gigantescas, diseñadas para cubrir el coche por completo, privarlo de aire y enfriar el paquete de baterías de forma controlada.

El veredicto: ¿debemos preocuparnos por la batería?

A mí esto me recuerda mucho a volar en avión. Estadísticamente es el medio de transporte más seguro del mundo con muchísima diferencia respecto al coche. Sin embargo, cuando hay un accidente aéreo, el impacto mediático es tan brutal que hay mucha gente que le coge pánico a volar. Con el coche eléctrico pasa exactamente lo mismo: el accidente aparatoso eclipsa por completo la realidad estadística.

¿Qué el fuego en una batería es aparatoso y requiere bomberos bien formados para este tipo de fuego? Por supuesto. Pero la probabilidad de que te pase a ti es infinitamente menor que la de que salga ardiendo el coche térmico que hemos conducido toda la vida. Por mi parte, podéis tener claro que voy a seguir metiendo el coche en el garaje de casa a cargar cada noche con la misma tranquilidad de siempre. Si tenéis dudas sobre este tema o queréis compartir alguna anécdota que os hayan contado en el taller, escribidme en los comentarios: me interesa mucho saber si esto sigue siendo un freno real para vosotros a la hora de dar el salto.

Este artículo es una reedición del artículo que ya publiqué en motor.es

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